Cuestión de ética

Una vez más recurro al baúl de los recuerdos y hoy comparto lo que fue mi tercer y último ensayo en el Seminario de Epistemología, el mismo que originó los dos ensayos anteriores, y cuyo profesor fue mi buen amigo y colega Lino Morán, a quién agradezco además los aprendizajes adquiridos durante esta formación. Para concluir este seminario, y como usualmente ya veníamos trabajando dentro y fuera del aula, lo hicimos a través de una serie de lecturas y debates, en esta oportunidad centrado en la obra “Ética planetaria desde el Gran Sur” (2001) de Leonardo Boff, publicado por la editorial Trotta, y que titulé “Cuestión de ética”.

Cuestión de ética

A manera de introducción

Comienzo a leer “Ética planetaria desde el Gran Sur” (2001) de Leonardo Boff y debo suponer lo que me espera cuando de antemano la wikipedia define a Boff como teólogo, filósofo, escritor, profesor y ecologista, y encima, debo tratar en esta lectura/análisis/crítica/ensayo con la ya difícil y compleja definición de ética, sobre todo cuando lo que leo es una fotocopia que conseguí gracias a que el profesor de la cátedra nos facilitó a los “doctorantes” su libro, permitiéndonos acabar con el peregrinaje por las pocas librerías de la ciudad donde no encontramos nada ni remotamente parecido y donde, al parecer, reinan Paulo Coehlo, Wayne Dyer, Robert Kiyosaki y otra veintena de autores de esa subliteratura llamada “de autoayuda”; amén del ahorro que implicó limitarnos a pagar una copia violadora de derechos de autor o del Copyright y no adquirir el libro.

Pues, comencemos entonces por definir ética y me limitó a una definición estrictamente lexicográfica, la primera acepción que el DRAE nos brinda dice: “ética. (Del lat. ethĭca, y este del gr. ἠθική). 1. f. Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Ética profesional, cívica, deportiva” (1). Partiendo de esta definición debo suponer que Boff nos presenta una propuesta, un conjunto de normas morales, que aplicadas oportuna y “correctamente”, nos permitiría alcanzar determinada calidad de vida sin atentar contra otras sociedades, con otras perspectivas ideológicas o formas de pensamiento, y sobre todo sin atentar contra el medio ambiente, y con ello, contra todo el mundo que nos rodea; claro, podríamos entrar entonces en un acalorado debate sobre que normas podemos considerar éticas y cuáles no, asunto que por ahora no nos atañe.

En otro orden de ideas y hablando de ética, me parece sumamente irónico que exista, al parecer y por lo visto y oído en las librerías, una actual y de moda preocupación por la superación personal, por esa anhelada paz íntima, espiritual, esa eterna búsqueda por el crecimiento personal, entendido éste como “un constante proyecto de vida; ese proceso que no claudica, de cambio y mejora, que demanda voluntad y acciones precisas; porque el simple deseo no basta, no es suficiente imaginar, hay que actuar también y para esto se necesita planeación, esfuerzo, trabajo continuo, perseverancia.” (2)

No obstante, esa superación personal es eso, personal, y se traduce como mi meta, mi objetivo, mi deseo de realización y logro, y con ello, bajo mi perspectiva, se traduce en egoísmo, en individualismo franco y absoluto, en materialismo extremo, contrariando precisamente la mejor manera que implica superar los obstáculos y emprender acciones que realmente conlleven a un sano equilibrio entre quien soy, con quienes vivo y comparto, donde vivo y que anhelo construir en pro de mi mismo y de quienes me rodean: el trabajo mancomunado, colectivo.

No es tarea de uno solo solventar las dificultades que hoy por hoy vivimos en nuestra sociedad. Si bien es cierto que debemos comenzar con formar principios y valores en nuestro hogar, haciendo que todos y cada uno de nosotros asumamos nuestra cuota de participación y responsabilidad en los diferentes asuntos que atañen a la humanidad, buscando garantías para una existencia feliz y armoniosa (perdonen mi utopía), no es menos cierto que las grandes dificultades y los grandes retos que nos imponen las actuales circunstancias implican una acción común, colectiva, general.

Combatir la pobreza, la violencia en todas sus expresiones, las desigualdades de la sociedad, la discriminación, sea cual sea, y las injusticias sociales requiere de tiempo, de dedicación y de convicciones consensuadas, requiere del esfuerzo común y colectivo, de que juntos nos aboquemos a ello.

“Hay que unirse, no para estar juntos,

sino para hacer algo juntos”.

JUan Donoso Cortés.

Fuente de la imagen de Leonardo Boff: https://www.somoselmedio.com/2020/04/01/consejos-para-el-encierro-y-la-cuarentena-frei-betto-y-leonardo-boff/

¿Necesitamos una ética planetaria?

Sí.

¿Las razones? Boff señala tres, todas ellas de alcance global, entendido este término, global, como una unidad de medida: escala mundial, de ámbito planetario; en palabras del DRAE, referente al planeta o globo terráqueo. Las tres razones se traducen como problemas/crisis: 1. Crisis social; 2. Crisis del sistema de trabajo; y, 3. Crisis ecológica. Y sentencia: a problemas globales, soluciones globales.

La primera de ellas, la crisis social, está marcada por el cada día más acentuado abismo entre ricos y pobres, ahondando a su vez la pobreza extrema. La riqueza está concentrada en manos de grandes corporaciones trasnacionales que explotan por igual recursos naturales, materiales y humanos, sin consideración alguna. Esta situación bosqueja una realidad contradictoria: sociedades ricas y tecnificadas, controladoras de los procesos científico-técnicos, económicos y políticos, en la cúspide de la opulencia, en oposición a sociedades marginadas, excluidas, redimidas en la pobreza, y prácticamente sobreviviendo al día a día, alentadas por aquello de que “es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos”. (3)

La segunda, la llamada crisis del sistema de trabajo, que enfrenta a la mano de obra humana, capacitada o no, sometida a los rigores de la “todopoderosa organización”, a una fuerza laboral automatizada, de inteligencia artificial, que requiere de muy poca o casi nula participación humana, por lo que prescinde de los trabajadores y sus beneficios sociocontractuales. Esta cuasidantesca situación perfila y asienta una nueva forma de producción generando desarrollo sin trabajo, forjando una generación que se supone estará destinada al ocio. Pareciera que “liberado del régimen asalariado a que fue sometido por la sociedad productivista moderna, especialmente la capitalista, el trabajo volverá a su naturaleza original: la actividad creadora del ser humano…” (4)

La tercera y última de estas crisis es la ecológica, producto de una convulsiva autodestrucción, dado que la actividad humana ha ocasionado y sigue ocasionando daños cuantiosos al medio ambiente, daños irreparables a los diferentes ecosistemas y hábitats del planeta, más allá de buscar el sustento, el hombre ha sobreexplotado a la naturaleza, a tal punto que estamos en riesgo permanente de desaparecerla, afectando a la Tierra como sistema integrador de sistemas. “La Tierra es como un corazón. Gravemente lesionado, el resto de los organismos vitales se verán afectados, los climas, las aguas potables, la química de los suelos, los microorganismos, las sociedades humanas. (…) La Tierra buscará un nuevo equilibrio que, seguramente, traerá consigo una inmensa devastación de vidas.” (5)

Pareciese que estas crisis cuestionan e invalidan la llamada racionalidad occidental, y es por ello que surgen epistemologías alternativas transformadas en teorías y principios que requieren de una aplicabilidad prácticamente inmediata. Aún así, seguimos sordos ante otras voces que imploran ser escuchadas antes de que sea demasiado tarde. “Las voces dominantes provienen del Norte, desde donde se controla el proceso de globalización. Son pocas las voces que llegan desde el Sur. La determinación del lugar social no es indiferente, pues cada lugar social está caracterizado por intereses y opciones previas, de los que, en la mayoría de los casos, no se tiene conciencia. Como se trata de alcanzar una perspectiva global, es importante que se superen tales limitaciones. El interés por el patrimonio natural común de la vida y de la humanidad, considerablemente amenazado en nuestros días, nos obliga a ciertos consensos mínimos. Aquí radica la cuestión de los fundamentos: una ética mínima.” (6)

 Los boffianos coinciden en la imperante necesidad de una ética mínima. Me uno a ellos. Pero ¿en qué consiste esa ética? Toda nueva ética surge de una nueva óptica, de una nueva perspectiva, no basta con que sea diferente, necesariamente ha de ser nueva. Toda nueva óptica, sostiene Vásquez Carballo, irrumpe de una profunda inmersión de la experiencia del ser, de una nueva percepción del todo conectado en sus partes con la fuente originaria de donde dimanan todos los entes. ¿Retórica? ¿Filosofía? ¿Teología? No. Ética, ahora en su segunda acepción: “2. f. Parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores.” (7)

No puede haber una nueva ética si la experiencia y los principios que la fundamentan están sustentados en un único acto de reflexión partiendo de la realidad tal como es actualmente concebida; esta nueva ética a la que se refiere Boff, ha de estar sustentada en la inteligencia emocional y en los sentimientos humanos, como expresiones del cuidado, la responsabilidad social y la ecología, en la solidaridad y el altruismo. Por cierto, recientemente, en sus actualizaciones al DRAE, la Real Academia Española agregó una nueva acepción al lema altruismo: “2. m. Ecol. Fenómeno por el que algunos genes o individuos de la misma especie benefician a otros a costa de sí mismos” (8). ¿Coincidencia o necesidad? ¿Casualidad o causalidad? Una vez más la naturaleza se nos adelantó y nos da aleccionadoras ideas para un futuro mejor.

¿Qué debemos considerar ante esa nueva ética planetaria?

                Algunos aspectos necesarios para superar obsoletos modelos de convivencia humana y fundar una ética planetaria son los siguientes:

  • Visión ecocéntrica: superados los tramos egocentristas que las actuales sociedades, se busca una visión centrada en la ecología y con ella en la preservación de nuestro planeta; se espera que la globalización, que aún no encuentra expresión institucional, sea ecocéntrica, garantizando un gran paso hacia una ética planetaria.
  • Óptica global – Ética global: superada la contextualización de los llamados centros de poder, se busca una ética adecuada al momento histórico que atraviesa la sociedad planetaria, que requiere el surgimiento de una ética como expresión de la globalización y planetización de la experiencia humana.
  • Nueva cosmología: superada las creencias de que: a) la Tierra es una propiedad que explotar y, b) el planeta, la biosfera y la humanidad son elementos que meramente coinciden en un mismo espacio/tiempo, debemos comprender que todos conformamos parte de un todo, de un sistema-Tierra llamado planeta, y que las interrelaciones de uno con otro han de ser de conexión y respeto mutuo.
  • Diálogo planetario: superados los sectarismos, los fundamentalismos y los discursos unilaterales, urge un diálogo multiétnico, multirreligioso, femenino/masculino, sustentado en un nuevo paradigma, holístico y contemporáneo, que articule todo con todo y considera la coexistencia del todo y de las partes, sin importar las pérdidas o ganancias que implique este proceso; y teniendo siempre en cuenta la necesidad de convergencia entre los interlocutores del Norte y del Sur de cara a un beneficio común: la Tierra y la Humanidad.

Ahora bien, a partir de este punto hemos de reconsiderar el término ética definido al inicio de este ensayo. Boff va más allá de la definición lexicográfica y entra en la definición etimológica, necesaria para comprender su propuesta de la ética planetaria. Ethos significa morada, el abrigo permanente tanto de animales (establo, por ejemplo) como de seres humanos (la casa). En el ámbito de la totalidad de la madre naturaleza, el ser humano habita una parcela y construye en ella su morada, la que le permite sentirse bien y seguro en el mundo. Esta morada, que no viene dada por la naturaleza, debe ser construida a través de la actividad humana, y la misma debe ser cuidada y reformada. Para concluir con su definición, Boff afirma que el ethos, cuyo centro o eje primordial es el bien, concebido éste bajo la perspectiva platónica, no es una realidad concluida, terminada, sino que es algo abierto, que siempre ha de ser hecho, rehecho y cuidado.

Otro aspecto a considerar en una nueva ética planetaria, es la moral.  Ética y moral se articulan intrínsecamente sostiene Boff. Al respecto señala que “los hábitos y las costumbres (ethos/moral) tiene como propósito hacer de la morada humana y del medio social algo sostenible, autónomo y habitable (ethos/ética) para todos, algo, por tanto, bueno y causa de felicidad.” (9)

Todo lo anterior nos conlleva a unas ineludibles preguntas que ya el mismo Boff se hizo: ¿quién define lo que es ético y moral para la morada humana? ¿Qué instancia puede indicar los criterios de bondad o de maldad tanto de la morada humana (ethos) como de las costumbres y valores (moral) que organizan esa morada?

Ilustra entonces nuestro autor el devenir histórico, gobernado en principio por la razón que imponía la tradición y la cultura helénica, según la cual, ésta -la razón- podía iluminarnos para diferenciar el bien del mal, aunque a juzgar por las tragedias griegas pareciera que a ellos no les quedó muy clara tal diferencia. Con todo y ello la naturaleza y la razón parecieron vivir épocas alegres en absoluta comunión. Llegaron entonces los tiempos modernos y con ellos nuevas concepciones de percibir e interpretar el mundo. Hasta ese punto de la historia la naturaleza quedó descrita como lógica y sometible, a partir de entonces se tilda de ilógica e incluso irracional, demente. Y es que las combinaciones naturaleza/razón, sostiene Boff, están sujetas a las variaciones históricas y sus diversas coyunturas, así como a las interpretaciones en el ámbito de las diferentes culturas.

Decía entonces, que con la llegada de los tiempos modernos, surgen dos nuevas concepciones, una centrada en la burguesía y otra en el proletariado. La primera de ellas desembocaría en el capitalismo, la segunda en el socialismo, y fueron Hegel y Marx sus instigadores. De acuerdo a esa ética burguesa se pretende dominar la naturaleza y los medios de producción a través del conocimiento científico-técnico, sustentado en su poderío político, económico y militar, generando riquezas a expensas de las desigualdades sociales y la explotación de los recursos naturales y humanos, con la debida degradación ecológica que ello implica. Por su parte la ética proletaria pretende establecer una sociedad de equilibrios y de justicia social a partir de una revolución impuesta y necesaria para romper el orden social establecido y hacer una justa distribución de la riqueza y respetando la naturaleza y poniendo al servicio de todos los medios de producción. Como podemos observar cada una de estas visiones fundamenta su ética en un conjunto de valores, normas y principios, acciones y utopías de futuro, centradas en una moral diferente y diametralmente opuesta, sin que ello suponga que una es inmoral por ser contraria a la otra.

Independientemente de cuál modelo de ethos pareciera más próximo a satisfacer las actuales demandas de la población y del medio ambiente en todas sus manifestaciones, no debemos olvidar que ambos representan la misma visión modernista, colmada de subjetividades e irrespetuosa/explotadora de la naturaleza.

 Justo en este punto es cuando comprendemos la necesidad de nuevas y viables alternativas que parecieran surgir de otros confines del planeta, pues las propuestas del mundo occidental a la presente fecha no han logrado satisfacer las necesidades crecientes de la población mundial (¿recuerdan las promesas incumplidas de las que nos habló Boaventura?) y por el contrario han generado más desolación, pobreza y desigualdad.

¿Hay una nueva ética planetaria? ¿En qué se sustenta esa nueva ética?

Una vez más debió llegar la Tierra a una severa crisis para que el género humano replantease su circunstancia y actuación. “El afán por acelerar todos los medios productivos desde la perspectiva de la acumulación tanto privada (capitalismo) como colectiva (socialismo), sin tomar en consideración los recursos limitados de la Tierra y su frágil equilibrio ecológico, ha convertido los medios productivos en medios altamente destructivos de la naturaleza y de la biosfera.” (10)

En estos tiempos de contemporaneidad volvemos la mirada a la naturaleza, dando paso a una nueva cosmología que postula la reivindicación de la madre naturaleza, considerada ésta, tal como la define Boff, como el conjunto articulado y debidamente integrado de todas las energías cósmicas en proceso de materialización y desmaterialización. Y es que en esta era, denominada ecozoica, encontramos en la naturaleza posibilidades de regeneración, de óptima utilización de los recursos, ausencia de desechos, demostración de la sinergia y la manifestación de todo en la parte y la incorporación de la parte en el todo, visión perdida gracias a la atomización, tecnificación y sobre todo excesiva racionalización de cualquiera de los proyectos humanos.

Para la puesta en marcha de esta concepción ética ha de surgir entonces un discurso ético cuya primordial característica es la universalización del mismo; rompiendo con esquemas anteriores y sin hegemonías absolutas, la aquiescencia nos permitirá conciliar una perspectiva, si bien no única, consensual, para lo cual quizás sea necesario retomar los principios que en su debida oportunidad promulgó la ética utilitaria o utilitarista (ambas formas léxicas son aceptadas como sinonimia de esta filosofía) y cuyos principales exponentes fueron los británicos Hobbes, Hume, Bentham y Mill.

Resulta incuestionable que la ética utilitarista es una de las más influyentes de la modernidad, y es por ello que muchos de los estudiosos e investigadores actuales, entre ellos Boff, sustentan o desarrollan sus sistemas y planteamientos a partir de la premisa consecuencialista que describe esta corriente del pensamiento, según la cual el valor de las acciones humanas se mide por sus consecuencias y que, por lo tanto, la acción carece de valoración moral intrínseca. Debemos estos postulados primordialmente a John Stuart Mill, quien sostiene que este principio consecuencialista, principio de carácter teleológico, hace que todo juicio moral deba atenerse a sus consecuencias, a todas aquellas que se derivan de las acciones tomadas, por lo que no existen acciones lícitas e ilícitas, intrínsecamente buenas o malas, pues todo depende las consecuencias, y éstas deben ser calculadas. Para calcular o precisar si tales acciones pueden ser consideradas buenas o malas establece un principio de utilidad: las consecuencias han de ser útiles para la realización del bien, sentencia Mill y con él Boff. Bajo este principio no hay acciones injustas en sí mismas, éstas deben ser juzgadas de acuerdo a su utilidad. ¿Y qué es lo útil? cabe preguntarse. Aquello que nos proporciona placer, en palabras de Mill, aquello que genera felicidad al mayor número posible de personas, en palabras de Boff.

Dado lo anterior, tenemos que el bien alcanza una óptima realización cuando suple las necesidades de los seres humanos generando felicidad, pero para ello hay que ser tolerantes, pues esa felicidad es proporcionalmente diferente en cada ser humano, en cada colectividad, en cada sociedad, y responde proporcionalmente a cada necesidad; este aspecto se define según los utilitaristas precisamente como proporcionalismo; en tal sentido, el principio de hedonismo establece criterios sobre cómo ha de ser considerado ese placer/felicidad, dado que si bien se busca la realización personal, ésta no pueda estar sobre el bienestar colectivo o social. Tenemos entonces un último principio, el social, orientado a la felicidad del mayor número de personas y seres vivos; considerando ese “mayor número posible” implica el mayor número de personas y seres vivos que se beneficiarían con la mayor medida posible de utilidad. No obstante, dicho término no establece los criterios de distribución, haciendo que ésta sea equitativa o discriminatoria por otros agentes y factores.

A partir de ahí la aplicación de una nueva ética planetaria estaría encaminada, en principio, a seguir un estricto y secuencial orden con miras a una implantación segura y definitiva.

Surge la necesidad de una ética comunicativa y de justicia, enmarcada en un proceso de globalización, de manera que la nueva alternativa parta de la recuperación de la dimensión ética de la modernidad, en particular de su propia crítica, sobre todo considerando que la globalización es un rasgo inherente a la llamada modernidad. Para ello sería necesario (por no decir imprescindible) una mayor emancipación y realización de los derechos civiles o del ciudadano, de la democracia, de los medios de diálogo y acción comunitaria, ahora en un contexto globalizado, respetando aquellas necesarias diferencias producto de tradiciones ancestrales y de modos de vida cuyas particularidades lo hacen prácticamente un patrimonio universal. “En este modelo ético se pone de manifiesto un notable esfuerzo constructivista, es decir, la preocupación por sumar perspectivas, alcanzar consensos, establecer directrices de coordinación de intereses y reglas de juego ético-social.” (11)

¿Qué debemos hacer para consolidar una nueva ética planetaria?

                Son cuatro (4) los pasos que nos permitirían consolidar una nueva ética planetaria:

PasoDescripción
1Pacto social universalBajo una premisa ecologista debe acordarse un pacto social universal cuya fundamental condición sea el respeto y la salvación de la Tierra, así como una comprensión ecologizada orientada a construir una democracia socio-cósmica en la que la naturaleza y todos los seres vivos sean considerados ciudadanos de una sociabilidad humana ampliada.
2Proceso de diálogo globalEs imperante un amplio y honesto proceso de diálogo global que incluya a todos los pueblos, naciones, etnias, religiones, filosofías sin discriminación ni exclusión alguna. Es tiempo de que Norte/Sur se entiendan y garanticen el derecho a la vida de cada ciudadano terrestre. Este diálogo será posible tras una transformación fundamental/radical en las actuales formas de convivencia.
3Derecho y respeto a pueblos/ culturas/ idiosincrasiasResulta necesario garantizar a todos y cada uno de los seres humanos, a cada pueblo y colectividad, el derecho a la existencia, respetando su cultura e idiosincrasia, integrado a la comunidad planetaria donde vea asegurado su derecho a ser y expresarse libremente, sin ser cuestionado o censurado.
4Consenso sobre necesidades fundamentales del ser humanoUrge un consenso mínimo sobre la satisfacción de las necesidades básicas: alimentación, vestido, vivienda, salud, ocio, trabajo y comunicación con quienes le rodean. Este consenso solo se logrará a través de una inteligencia emocional sustentada en la solidaridad y el sentido espiritual de la existencia.
Cuadro Nº 1. Pasos para consolidar una nueva ética planetaria. Nibaldo Parra (2012)

El proceso general de hominización, socialización y globalización que plantea una nueva ética planetaria será cierto y factible una vez hecho acto de consciencia de que sencillamente las condiciones de existencia de la humanidad han cambiado drásticamente, producto del aparato de muerte ideado y construido por la razón instrumental y analítica de la llamada sociedad moderna/occidental, que ha atentado contra la naturaleza, haciendo que ésta afecte por completo nuestra presencia en la Tierra.

El último punto que deseo plantear para dar respuesta a la interrogante de esta parte del ensayo es la definición de naturaleza y su interrelación con el ser humano. Porque si de “algo” hemos hablado es de la naturaleza, pero ¿qué naturaleza?

Boff nos encamina a que la naturaleza radica en nosotros mismos, no solo como parte de ella, de la gran madre naturaleza, sino que este término también nos conlleva a otra, a la naturaleza humana. Existe una doble dimensión del ser humano: el ser humano como parte de la naturaleza y el ser humano frente a la naturaleza. Parte de la actual crisis se debe precisamente a esta desvinculación del ser humano como parte de la naturaleza misma, viendo a ésta como un objeto que solo sirve para explotar y producir y crear productos, bienes y servicios para su bienestar, pero aún así, esa muy lapidaria y simple ecuación ha resultado contraproducente pues en la búsqueda de esa bienestar ha destruido su hogar, y con el parte de su propia naturaleza, a tal punto que hoy corre peligro la existencia total de la humanidad. Aún así persistimos en ese camino de desolación e incomprensión de la naturaleza. Estamos ante un mecanismo de autodestrucción, la lucha no es solo por la preservación del medio ambiente, sino por la existencia misma de la raza humana inserta en ese medio ambiente que ella misma deforesta.

En síntesis, logrado los cuatro (4) pasos señalados anteriormente, queda aún un largo tramo por recorrer. Necesitamos un consenso mínimo sobre la ética mundial, bueno eso es obvio, y un gran paso, posterior a los ya citados, es la búsqueda y consolidación de la paz. Sin paz no habrá logro posible. La paz representa una premisa máxima de consenso. Küng, citado por Boff, señala categóricamente “que no habrá ningún orden mundial sin una paz entre las naciones; y es imposible la paz entre las naciones sin paz entre las religiones.” (12)

La paz religiosa es la base fundamental para la paz política, basta leer la prensa para: 1) comprender la magnitud y certeza de esta premisa; 2) descubrir cuán lejos estamos de alcanzar esa anhelada paz, y 3) Abrir los ojos y ver como las naciones y los organismos internacionales “manejan” tan delicados asuntos. Los conflictos del medio oriente y, en particular, la perenne lucha entre Israel y Palestina, son vívidos ejemplos de esta actual coyuntura. La paz política solo será conquistada una vez conquistada la paz religiosa, a la cual puede llegarse a través de una ética de referencia común, sustentada en las tradiciones y creencias religiosas de la humanidad. Esta ética ha de interpretarse como el consenso esencial con respecto a valores vinculantes, criterios irrevocables y actitudes fundamentales afirmados por todas y cada una de las religiones, a pesar de sus diferencias dogmáticas, y que incluso pueden llegar a ser compartidos por los no creyentes. Para garantizar la existencia y una convivencia plena y común se requiere de un consentimiento asertivo sobre valores, actitudes y creencias ineluctables, irrenunciables.

«Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar»

Antonio Machado.

¿Y entonces? ¿En qué quedamos?

Transitada una parte de ese camino nace la Carta de la Tierra, documento que surge en el seno de la ONU, y que constituye una declaración internacional contentiva de planteamiento global de los retos del planeta, así como diversas propuestas de cambios y de objetivos compartidos que pueden ayudar a disiparlos. Cabe destacar que esta carta no desea ni pretende ser la única respuesta posible a los actuales problemas que confronta la humanidad. No obstante, al tener un contenido consistente, sólido, trabajado, fruto de un diálogo internacional de amplia base, goza de gran aceptación entre las diferentes naciones y colectividades.

Pese a todo lo anterior, y en especial lo brevemente referido de la Carta de la Tierra, así de simple, hasta ahora solo tenemos las manos colmadas de buenas intenciones y mejores palabras y discursos, los hechos demuestran una realidad digamos algo distinta. Pero no hay que pecar de pesimista ni andar de derrotero. El planteamiento ético-filosófico de Leonardo Boff ha traspasado las fronteras y ha puesto voz a los pobres, a los marginados y excluidos de todo el mundo para, desde el sur, hacer eco en las consciencias colectivas, dominantes o no, procapitalistas, prosocialistas o proloquesea, de las actuales sociedades. La Carta de la Tierra, en sus palabras, representa la cristalización más lograda hasta la presente fecha de una nueva consciencia ecológica y planetaria en la perspectiva consciente de lo que bien podríamos definir con un nuevo paradigma civilizatorio y fundamentado en una ética ecocentrista.

“Ética planetaria desde el Gran Sur” estaría completo hasta aquí, pues Boff participó en diversos foros y reuniones de trabajo bajo el amparo de la ONU y otros organismos internacionales que le permitieron actuar como agente activo de la hoy promulgada Carta de la Tierra. No obstante complementa y actualiza su información haciéndonos conocedores de unos imperativos mínimos de una ética mundial. Tales imperativos, códigos de ética, se resumen de la siguiente manera:

Ética…Descripción
1del cuidadoAfirma Boff que el cuidado es un rasgo esencial del hombre, inherente a su condición como tal; se traduce como una relación de enternecimiento y preocupación, expresada en el respeto y la atención de unos para con otros y de todos para con el medio que nos rodea, causando preocupación hace que surja el sentido y el sentimiento de responsabilidad. Sin esta ética las demás éticas carecen de base sobre la cual edificarse.
2de la solidaridadEsta ética se sustenta en la interrelación que existe entre todos los seres vivos, y de que todos tenemos algo en común: origen, destino, heridas, alientos, y que alimentamos esperanzas y utopías comunes. Esta ética tiene tres (3) formas de expresión: 1. Ley cósmica de la solidaridad: por esencia y naturaleza somos seres de relación y por ello estamos inter-retro-conectados y somos recíprocamente solidarios. 2. Solidaridad política: eje articulador de la geosociedad mundial actual, pues la sociedad en su conjunto carece de futuro si no hay sentido de preservación y conservación del patrimonio natural común de toda la humanidad 3. Subjetividad de la naturaleza: mientras el hombre excluya de su concepto de sujeto al resto de los seres vivos, y por ende, niegue a ellos derechos que le garantizarían su vida y permanencia, así como una justa y equilibrada explotación, no habrá consciencia ecocentrista ni cambio de paradigma, ni menos subjetividad de la naturaleza, tan necesaria para fundamentar el respeto y extender la solidaridad a todos los seres vivos que compartimos un mismo hábitat.
3de la responsabilidadBoff sostiene que sentirse responsable es sentirse sujeto de acciones que pueden ir en un sentido que favorezca a la naturaleza y a todos los seres vivos, de manera que la responsabilidad evidencia el carácter ético de las personas, orientándolas a obrar de manera que sus acciones no atenten ni destruyan la naturaleza, la vida, la Tierra. Esta ética también tiene tres (3) formas de expresión: 1. Responsabilidad con respecto al medio ambiente; 2. Responsabilidad ante la calidad de vida de todos los seres vivos; y 3. Responsabilidad generacional.
4del diálogoExiste la necesidad de una “comunidad lingüística” de interlocutores con capacidad para exponer razonamientos aceptables por todos; dicho razonamiento debe fundamentarse en una ética comunicativa, del diálogo, garantizando el mutuo entendimiento a partir de unas normas y un código previamente definido y convenido, y donde todos puedan expresarse y ser debidamente escuchados; especialmente a los considerados marginados, excluidos, invisibilidado.
5de la compasión y de la liberaciónSe requiere de esta ética de manera tal que los sistemas de producción y distribución de bienes y servicios básicos garanticen la inclusión de quienes tienen menos recursos y posibilidades más limitadas para la adquisición de los mismos. La compasión ha de ser concebida como una reacción empática de comprender y vivir el padecimiento del otro como propio, y juntos emprender la lucha por la liberación de un sistema que les margina, les excluye.
6holísticaUn mundo globalizado requiere de una ética holística, integradora, que permita y aliente el respeto a la diversidad, sea cual sea su manifestación o expresión; obviando antagonismos históricos, por demás injustificados, permitiendo la convivencia armoniosa donde las diferencias evidencian la complejidad, riqueza y valor intangible de una sola humanidad, enfrentada a un destino común. Más que la suma de todos los puntos de vista -sostiene Boff- es la capacidad de ver la transversalidad, la capacidad de distinguir las inter-retro-relaciones de todo con todo.
Cuadro Nº 2. Tipos de ética según Leonardo Boff. Nibaldo Parra (2012)

Para concluir, es significativo señalar que si bien el título ya nos remite al “Gran Sur” permitiéndonos inferir (con muy poco esfuerzo) de la magnificencia e importancia que para Boff reviste todo lo que bajo esa perspectiva ético filosófica se pretende, se anhela, y aunque a lo largo  de su libro no haga alusiones directas a este concepto geográfico/ideológico/filosófico, deja ver las huellas a seguir en el camino, y que estas inexorablemente nos llevan a los pueblos, especialmente a esos que hasta ahora han sido silenciados por la historia y la política, por cánones impuestos y modelos supranacionales que no calzan en contextos específicos y que no nos dejan avanzar en el cumplimiento (hasta donde se pueda) de aquellas famosas promesas incumplidas de la modernidad de las que Boaventura de Souza nos pone al tanto, teniendo siempre en cuenta la necesidad de convergencia entre los interlocutores del Norte y del Sur de cara a un beneficio común de la Tierra y, por ende, de la Humanidad.

Quedamos entonces en mitad del camino, en mitad hacia la nada, en mitad hacia un radical cambio de paradigma universal, global, terráqueo, que detenga nuestra visión autodestructiva y nos permita consolidar una sociedad del siglo XXI, sino ecocéntrica, respetuosa del medio ambiente y de todos los seres vivos que este único hogar, llamado Tierra, habitamos.

Nibaldo M. Parra A.

Referencias bibliográficas/hemerográficas/electrónicas

  1. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española (DRAE) [en línea]. <http://www.rae.es&gt; [12 de diciembre de 2012].
  2. <http://www.tusuperacionpersonal.com/> En línea [consulta 12 de diciembre de 2012].
  3. Mt. 9, 24.
  4. Boff, L. Ética planetaria desde el gran sur. Pág. 14.
  5. Íbidem. Pág. 15.
  6. Vázquez Carballo, José Mario (2008) Trinidad y Sociedad: Implicaciones éticas y Sociales… Pág. 220.
  7. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española (DRAE) [en línea]. <http://www.rae.es&gt; [12 de diciembre de 2012].
  8. Ídem.
  9. Boff. L. Ob. Cit. Pág. 27.
  10. Íbidem. Pág. 33
  11. Íbidem. Pág. 44
  12. Íbidem. Pág. 55
  13. Machado, Antonio. Antología poética. Proverbios y cantares (XXIX). Pág. 123.

Bibliografía

Boff, Leonardo (2001). Ética planetaria desde el Gran Sur. Editorial Trotta. Madrid, España. 124 páginas.

http://www.tusuperacionpersonal.com/ En línea [consulta 12 de noviembre de 2012].

Machado, Antonio. Antología poética. Editorial EDAF. Madrid, España. 248 páginas.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española (DRAE). Versión electrónica. 2012.

Vázquez Carballo, José Mario (2008). Trinidad y Sociedad: Implicaciones éticas y Sociales en el Pensamiento Trinitario de Leonardo Boff. Secretariado Trinitario. Salamanca, España. 649 páginas.

Publicado por nibaldop

Licenciado en Letras con maestrías en Psicología Educacional y Lexicografía Hispánica, y doctorado en Educación, con 25 años de trayectoria en el área docente y de investigación lingüística y educativa, así como en las área de redacción, corrección y edición de textos, tanto académicos o editoriales, como generador de contenidos para medios. Amplia experiencia en recursos humanos, en captación o selección, formación y desarrollo de personal, así como asesor y consultor en proyectos educativos en el ámbito organizacional. Amante de la fotografía, aprendiz de pastelería e intento de viajador frecuente.

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